Por Juan García Sentandreu
Director del Aula Colombina de la Real Academia de Cultura Valenciana
Resumen
El testamento de Cristóbal Colón, redactado en Segovia el 25 de agosto de 1505 y ratificado en Valladolid el 19 de mayo de 1506, ofrece información esencial sobre la financiación del primer viaje, la sucesión de la Casa de Colón y la familia inmediata del almirante.
Colón afirma que los Reyes Católicos aportaron únicamente un millón de maravedís a la empresa y que él tuvo que proporcionar el resto de los fondos. Esta cantidad podría referirse, de forma redondeada, a los 1.140.000 maravedís adelantados por Luis de Santángel en nombre de la Corona. Colón nombró heredero principal a su hijo primogénito, Diego, y le confió la dirección del patrimonio familiar. Asimismo, asignó una renta anual prevista de 1,5 millones de maravedís a su segundo hijo, Fernando, nacido de su relación con Beatriz Enríquez de Arana.
También destinó 150.000 maravedís anuales a su hermano Bartolomé y 100.000 a Diego, a quien el documento identifica igualmente como su hermano. Esta diferencia en el trato adquiere especial interés a la luz de la investigación genética anunciada en 2024, que no confirmó la relación biológica esperada entre Colón y los restos atribuidos a Diego. No obstante, la hipótesis de que Diego pudiera haber sido un pariente colateral y no un hermano de sangre sigue pendiente de confirmación científica.
El documento solicita además misas por las almas del padre, la madre y la esposa de Colón, lo que parece indicar que los tres ya habían fallecido. Finalmente, la estructura familiar registrada en el testamento —dos hijos y dos hermanos identificados— presenta diferencias y silencios significativos en comparación con la genealogía genovesa tradicional. Aunque el testamento no demuestra de manera concluyente el origen geográfico de Colón, constituye una fuente documental fundamental para reconstruir su identidad familiar y reconsiderar la atribución genovesa convencional.
Palabras clave
Cristóbal Colón; testamento de 1505; codicilo de 1506; Luis de Santángel; financiación del primer viaje; maravedís; Diego Colón; Fernando Colón; Bartolomé Colón; Beatriz Enríquez de Arana; Casa de Colón; mayorazgo; genealogía familiar; ADN antiguo; genética forense; teoría genovesa; hipótesis del origen valenciano; Reyes Católicos.
Abstract
La disposición testamentaria escrita por Cristóbal Colón el 25 de agosto de 1505 constituye uno de los documentos más personales y reveladores del Almirante. Fue redactada pocos meses antes de su muerte y posteriormente presentada y ratificada ante el escribano Pedro de Inoxedo en Valladolid, el 19 de mayo de 1506.
En ella, Colón no se limita a ordenar la transmisión de su patrimonio. También deja constancia de cómo se financió el primer viaje, establece la sucesión de la Casa de Colón, identifica a sus hijos y hermanos y menciona expresamente a sus padres y a su mujer. Por ello, el documento posee un extraordinario valor económico, familiar y genealógico.
El millón de maravedíes aportado por los Reyes
Uno de los pasajes más importantes es aquel en el que Colón recuerda la financiación de la empresa descubridora:
«Sus Altezas non gastaron ni quisieron gastar para ello salvo un cuento de maravedís, e a mí fue necesario de gastar el resto».
Un «cuento» equivalía a un millón de maravedíes. Colón afirma, por tanto, que los Reyes Católicos solamente aportaron —o hicieron aportar— un millón de maravedíes y que él tuvo que completar el resto de los gastos necesarios para organizar la expedición.
La cifra se aproxima extraordinariamente a los 1.140.000 maravedíes que Luis de Santángel, escribano de ración de Fernando el Católico, anticipó para financiar la parte correspondiente a la Corona. La diferencia de 140.000 maravedíes aconseja no afirmar que ambas cantidades sean matemáticamente idénticas. Sin embargo, resulta razonable interpretar que Colón está recordando, mediante una cifra redondeada, la suma adelantada por Santángel con cargo a los fondos de la Santa Hermandad.
El testimonio resulta especialmente significativo porque Colón no dice que la reina Isabel vendiera sus joyas, leyenda romántica creada posteriormente. Lo que afirma es que Sus Altezas aportaron un millón de maravedíes y que él tuvo que sufragar el resto.
La declaración del Almirante confirma así dos hechos fundamentales: que la aportación gestionada por Luis de Santángel fue decisiva y que el propio Colón participó económicamente en la expedición. Queda abierta la cuestión de la procedencia exacta del dinero que Colón presenta como aportación propia y de las personas que pudieron facilitárselo dentro de la red mercantil y financiera que respaldó la empresa.
Diego Colón, primogénito y cabeza de la Casa de Colón
Colón instituye como heredero principal a su hijo primogénito, Diego:
«Yo constituí a mi caro hijo don Diego por mi heredero de todos mis bienes e ofiçios que tengo de juro y heredad».
No se trata solamente de una transmisión patrimonial. Diego recibe los bienes, derechos, rentas y oficios hereditarios de su padre y queda situado al frente del mayorazgo. Se convierte, por voluntad expresa del Almirante, en sucesor y cabeza de la Casa de Colón.
El testador ordena además que el mayorazgo no pueda disminuirse. Su titular deberá conservarlo, acrecentarlo e incorporar nuevos bienes. La herencia se concibe como una institución permanente vinculada al apellido, al linaje y a los privilegios concedidos por los Reyes Católicos.
Colón establece una sucesión masculina rigurosa. Después de Diego debían heredar sus descendientes varones. Si esa línea se extinguía, la sucesión pasaría a su otro hijo, Fernando; después, a su hermano Bartolomé y, finalmente, al otro hermano mencionado en el documento. Solo ante la completa inexistencia de varones podría heredar la mujer más próxima de su linaje.
Fernando Colón y la renta de un millón y medio
El segundo hijo reconocido por el Almirante es Fernando —más conocido históricamente como Hernando Colón—, nacido de su relación con Beatriz Enríquez de Arana.
Colón manifiesta su voluntad de que reciba una renta anual de un millón y medio de maravedíes:
«Mi intençión sería y es que don Fernando, mi hijo, oviese d’ella un cuento y medio cada un año».
La cifra es considerable y demuestra que Fernando ocupaba un lugar fundamental en las preocupaciones familiares del Almirante. Aunque el mayorazgo principal correspondía a Diego por su condición de primogénito, Colón quiso garantizar a Fernando una posición económica adecuada y creó para él un segundo vínculo hereditario.
La cantidad destinada a Fernando debía proceder de las rentas de las Indias. Como esas rentas todavía no se encontraban determinadas, Colón estableció un sistema proporcional hasta que alcanzasen la cuantía necesaria para satisfacer el millón y medio anual.
También ordenó que la parte correspondiente a Fernando constituyera un mayorazgo propio, transmisible a su hijo mayor y a los sucesivos descendientes, sin que pudiera ser vendida, permutada, donada ni enajenada.
Colón tampoco olvidó a Beatriz Enríquez de Arana. Mandó a Diego que cuidara de ella y le proporcionara lo necesario para vivir honradamente:
«Que la provea que pueda bevir honestamente, como persona a quien yo soy en tanto cargo».
A continuación añadió una enigmática confesión:
«La razón d’ello non es líçito de la escrevir aquí».
Estas palabras demuestran que Colón era consciente de una importante obligación moral hacia Beatriz, aunque decidió no dejar escrita la causa concreta de ese deber de conciencia.
Bartolomé y Diego: dos hermanos tratados de manera desigual
El testamento identifica expresamente a dos hermanos del Almirante: Bartolomé y Diego. A Bartolomé le asigna una renta anual de 150.000 maravedíes, mientras que a Diego le corresponden 100.000 maravedíes:
«Don Bartholomé, mi hermano, çiento y çinquenta mil maravedís, e don Diego, mi hermano, çien mil maravedís, porque es de la Iglesia».
La desigualdad resulta evidente, aunque el propio documento añade una posible explicación para la cantidad concedida a Diego: su pertenencia a la Iglesia. La diferencia económica, por sí sola, no demuestra que existiera entre ellos un grado distinto de parentesco.
Sin embargo, la cuestión adquiere interés a la luz de las investigaciones genéticas dirigidas por el doctor José Antonio Lorente y divulgadas en 2024. Según los resultados anunciados, no pudo confirmarse la esperada relación biológica entre Colón y los restos históricamente atribuidos a su hermano Diego.
Este resultado admite distintas explicaciones: que los restos examinados no pertenecieran realmente a Diego; que Diego no fuera hermano biológico directo de Cristóbal; o que las limitaciones y degradación de las muestras impidieran obtener una conclusión segura.
Dentro de nuestra investigación sostenemos la hipótesis de que Diego pudiera haber sido un pariente colateral —posiblemente un primo— integrado social y jurídicamente en la familia como hermano. No obstante, determinar que fuera concretamente primo segundo exige una prueba genética suficientemente completa y publicada que permita establecer ese grado preciso de parentesco. Mientras dicha publicación científica no se produzca, debe presentarse como una hipótesis de investigación y no como un hecho definitivamente demostrado.
Las misas por su padre, su madre y su mujer
Otro pasaje de extraordinario valor biográfico es aquel en el que Colón ordena la fundación de una capilla atendida por tres capellanes. En ella debían celebrarse diariamente tres misas: una en honor de la Santísima Trinidad; otra dedicada a la Concepción de Nuestra Señora, y una tercera:
«Por ánima de todos los fieles defuntos, e por mi ánima e de mi padre e madre e muger».
La expresión parece situar a su padre, a su madre y a su mujer entre las personas fallecidas por cuyas almas debían ofrecerse las misas. El texto demuestra, además, que Colón reconocía fallecida a su única mujer.
La historiografía identifica generalmente a esa mujer con Felipa Moniz, madre de Diego Colón. La referencia testamentaria resulta relevante porque diferencia claramente a la mujer por cuya alma pide oraciones de Beatriz Enríquez de Arana, a quien menciona separadamente como madre de Fernando y como persona hacia la cual reconoce una grave obligación de conciencia.
Una estructura familiar difícil de conciliar con la genealogía genovesa
La familia que aparece en la disposición testamentaria de 1505 es muy concreta: dos hijos, Diego y Fernando; dos hermanos identificados, Bartolomé y Diego; un padre, una madre y una mujer ya fallecidos, además de Beatriz Enríquez de Arana.
Conviene precisar que la genealogía tradicional de Cristoforo Colombo, hijo de Domenico Colombo y Susanna Fontanarossa, no le atribuye esos dos hermanos varones: Bartolomé y Diego sino que le atribuye tres hermanos —Bartolomeo, Giovanni Pellegrino y Giacomo, identificado tradicionalmente con Diego— y una hermana llamada Bianchinetta.
El silencio sobre un familia de origen genovés debe incorporarse al conjunto de indicios documentales que rodean el problema de la identidad de Colón genovés que buen pudo existir pero que no se identificsría con nuestro Cristóbal Colón valenciano. Si hubiera tenido origen genovés resultaría llamativo que un hombre tan preocupado por su linaje, su apellido y la perpetuidad de su casa no haga referencia alguna a Génova, a los Colombo, a Domenico, a Susanna ni a Bianchinetta, y que configure su sucesión exclusivamente alrededor de los Colón que lo acompañaron en la empresa española.
Conclusiones
La disposición testamentaria de 1505 constituye una fuente esencial para conocer la conciencia familiar y patrimonial de Cristóbal Colón. En ella, el Almirante afirma que la Corona aportó únicamente un millón de maravedíes para la expedición y que él sufragó el resto; instituye a Diego como heredero y cabeza de su Casa; reserva una importantísima renta para Fernando; protege a Beatriz Enríquez de Arana; favorece de manera desigual a Bartolomé y Diego, y pide oraciones por las almas de su padre, de su madre y de su mujer.
El documento no resuelve por sí solo el misterio de sus orígenes, pero tampoco puede ser reducido a una simple relación de mandas económicas. Es una declaración consciente sobre su linaje. Y ese linaje testamentario, construido alrededor de sus hijos y de dos hombres llamados hermanos, presenta silencios y particularidades que deben contrastarse con la tradición genovesa y con los resultados de las investigaciones genéticas.
A la espera de la publicación científica completa de los análisis de ADN, la Historia, la diplomática documental y la genética deben estudiarse conjuntamente. El testamento de 1505 no pronuncia la última palabra sobre el origen de Colón, pero sí conserva algo igualmente valioso: la última palabra del propio Almirante acerca de quiénes formaban su verdadera familia.
Referencias
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Lorente, J. A., et al. (2024). Resultados divulgados de los análisis genéticos relacionados con Cristóbal Colón y los restos atribuidos a sus familiares. Referencia pendiente de publicación científica completa.
Bibliografía
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